Intolerancias y alergias alimentarias – verdaderas y falsas

Hay mucha gente que de vez en cuando (o muy frecuentemente) no se encuentra bien después de comer: sensación de plenitud, indigestión, dolor de barriga, gases…. Sí, son síntomas que hacen pensar en que el sistema digestivo tiene problemas en digerir lo que llegó al estómago, pero no necesariamente indican alergia o intolerancia a algún alimento en concreto. A pesar de que una de cada tres personas cree que son "alérgicas" a algunos alimentos, la prevalencia real de la alergia alimentaria es tan sólo de un 2% en la población adulta. Algo parecido pasa con las intolerancias. La intolerancia más frecuente es la de la lactosa. En muchos otros casos la reacción del sistema digestivo se debe, no a un producto alimenticio en sí, sino al conjunto de la comida que entró al estómago y ha resultado difícil de digerir.

Los principales factores que pueden ayudar a digerir bien son:

  1. Comer en un ambiente tranquilo, sin prisas, masticando bien.
  2. Comer habitualmente en las mismas horas.
  3. No hacer esfuerzos físicos inmediatamente después de comer.
  4. Intentar presentar la comida de manera apetitosa.
  5. Y, sobre todo, - la comida tiene que ser equilibrada. No debería llevar exceso de aceite ni otras grasas. Debería contener algún alimento proteico, alguno rico en hidratos de carbono y también algo de verdura.
  6. No se debería comer una cantidad exagerada de golpe. Las personas que tienen tendencia a indigestión deberían repartir toda la comida diaria en 4-5 veces.

La mayoría de los casos se resuelven solamente equilibrando la dieta….

En el caso de no resolver los problemas equilibrando la dieta, se deberían hacer pruebas médicas adaptadas a cada caso buscando la causa del trastorno. Hay muchas patologías digestivas que podrían ser responsables de problemas digestivos sin tener nada que ver con una alergia o intolerancia.

Cuando se sospecha de un caso de alergia o intolerancia, se debe estudiar mediante pruebas específicas, prescritas por el médico. Los mecanismos de alergias o intolerancias son diferentes, y se detectan con pruebas diferentes.

Las alergias se producen cuando un alimento o uno de sus componentes activa una cadena de reacciones en el sistema inmunológico, causando la producción de anticuerpos a la proteína que a personas sanas no produce ninguna reacción adversa, y esos anticuerpos por su parte provocan secreción de sustancias químicas que causan los correspondientes síntomas. Las pruebas diagnósticas validadas para el estudio de las reacciones alérgicas a los alimentos son: las pruebas cutáneas (percutáneas e intracutáneas), pruebas de determinación de IgE específica y pruebas de exposición.

La intolerancia alimentaria afecta al metabolismo, pero no al sistema inmunológico del cuerpo. Por ejemplo, debido a la falta del enzima lactasa cuando se comen alimentos ricos en lactosa, la lactosa queda en el intestino sin digerir y de ese modo la metabolizan las bacterias intestinales, causando gases, diarrea, dolor de barriga…. La deficiencia de diamino-oxidasa, cuando se come alimentos que contienen mucha histamina, podría acabar en cantidades aumentadas de histamina no metabolizada en el cuerpo que produciría, por ejemplo, migrañas. Ese tipo de defecto se detectaría con métodos bioquímicos, pero no utilizando pruebas inmunológicas.

Los síntomas de una intolerancia alimentaria pueden ser parecidos a los de alergias, pero el mecanismo de cómo se producen, y en consecuencia, los métodos de diagnóstico, son diferentes.

Se comercializan varias pruebas de muchos laboratorios que pretenden ser diagnósticos, prometiendo determinar intolerancias alimentarias a gran variedad de alimentos. Tal y como se presentan, son muy atractivas, pero carecen de fundamentos científicos, y miden parámetros no aplicables o inexplicables. Esos métodos – aparte de ser costosos –pueden  causar falsos diagnósticos y  acabar “creando” una enfermedad. Y no solamente porque causa confusión al paciente, quien puede comenzar a evitar determinados alimentos y bajar de esta forma su calidad de vida, -  además, es contraproducente para la salud. La alimentación  debe ser lo más variada posible, y no conviene evitar alimentos sanos sin necesidad, eso podría causar déficits nutricionales. Además, este tipo de restricciones son contraproducentes en personas predispuestas genéticamente a alergias, porque al eliminar el alimento problemático y reintroducirlo luego, pueden provocar el efecto contrario al pretendido: una alergia. Y por último, la aproximación diagnóstica no adecuada retrasa el diagnóstico correcto y así el tratamiento válido.

Técnicas diagnósticas no validadas científicamente:

  1. Pruebas citotóxicas (ALCAT, Novo Inmogenics).
  2. Los tests que miden la reacción de anticuerpos específicos, incluida la inmunoglobulina IgG4, sólo indican que el organismo reconoce el alimento con el que ha tenido más contacto.
  3. La cinesiología aplicada, que consiste en sujetar una botella de cristal con alérgenos y relaciona la pérdida de fuerza muscular con la intolerancia alimentaria.
  4. Provocación y neutralización subcutánea y sublingual y Test de DRIA. Ambos test suministran extractos de los alérgenos por vía sublingual (en el primer caso también subcutánea) y miden la pérdida de fuerza muscular posterior.
  5. Biorresonancia, parte de la creencia de que el organismo humano emite ondas electromagnéticas buenas y malas.
  6. La electroacupuntura mide la actividad eléctrica, en concreto la caída de la corriente en determinados puntos, para detectar intolerancias alimentarias.

La mayoría de estos métodos diagnósticos no validados que se han propuesto para el diagnóstico de alergia alimentaria también se han propuesto para otras enfermedades sin ninguna relación fisiopatológica con alergia alimentaria, como por ejemplo: obesidad, síndrome de fatiga crónica, colon irritable… De momento no han demostrado su validez clínica y no se deberían utilizar para evitar confusiones y consecuencias negativas.